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Los tratamientos de ortodoncia infantil se abordan según la edad del niño y, sobre todo, según su etapa de crecimiento. Los tratamientos pueden realizarse en una o en varias fases, dependiendo del desarrollo del niño y de su maloclusión.
Eso sí, no todos los niños necesitan pasar por las dos. Algunos solo requieren la primera, otros únicamente la segunda y, en muchos casos, basta con hacer revisiones periódicas hasta que llega el momento adecuado para empezar.
Esta tabla ayuda a situar las fases de un vistazo:
| Fase | Edad orientativa | Qué se corrige | Aparatos habituales |
| Primera fase (ortodoncia interceptiva) | Durante la dentición temporal o mixta, mientras los huesos maxilares están en crecimiento | Paladar estrecho, maxilar superior o mandíbula retrasados, mordida cruzada, falta de espacio y hábitos orales incorrectos | Disyuntores de paladar, aparatos de avance mandibular y máscaras faciales |
| Segunda fase (ortodoncia correctiva) | Con los dientes definitivos ya en la boca | Dientes apiñados, torcidos o separados y corrección de maloclusiones | Brackets metálicos, brackets estéticos y alineadores transparentes |
¿Qué ocurre si tu hijo tiene 11 o 12 años? Las edades de cada fase son orientativas y se solapan porque cada niño crece a su ritmo, así que lo que decide la fase no es la edad, sino su desarrollo. Por ejemplo, las niñas suelen alcanzar su pico de crecimiento antes que los niños.
La ortodoncia interceptiva engloba los tratamientos que se realizan mientras los huesos maxilares (el maxilar superior y la mandíbula) todavía están en crecimiento. Su objetivo es prevenir, corregir o limitar la evolución de determinados problemas de desarrollo de los maxilares, espacio o erupción, como un paladar estrecho o una mandíbula retrasada, y crear espacio para favorecer la erupción de los dientes definitivos.
En esta etapa, el niño suele tener dentición mixta, es decir, una combinación de dientes de leche y dientes permanentes. Además, la ortodoncia interceptiva ayuda a corregir hábitos que alteran el crecimiento, como la deglución atípica (tragar empujando la lengua contra los dientes).
La ortodoncia correctiva se centra en alinear los dientes y corregir la maloclusión cuando han erupcionado todos o casi todos los dientes permanentes. A diferencia de la primera fase, su objetivo principal no es guiar el crecimiento de los huesos, sino realizar los movimientos dentales necesarios para conseguir una oclusión funcional y estable.
Para ello, se utilizan brackets o alineadores transparentes.
Tu hijo debe ir al ortodoncista por primera vez a los seis años, como recomienda la Sociedad Española de Ortodoncia (SEDO) y la Asociación Americana de Ortodoncistas (AAO). A esa edad empiezan a erupcionar los primeros molares definitivos, lo que permite valorar la mordida y detectar posibles problemas en el desarrollo de los maxilares.
Que acuda a esta revisión no significa que vaya a llevar aparato. De hecho, en muchos casos el ortodoncista solo recomienda controles periódicos. Sin embargo, si detecta un problema, podrá planificar el tratamiento en el momento adecuado para su crecimiento.
Si antes de esa edad notas algo que te preocupa (como unos dientes muy apiñados o que tardan en salir más de lo normal…), puedes pedir cita sin esperar.
¿Qué ocurre en la primera visita? Es una cita sencilla en la que el ortodoncista conoce a tu hijo, le explora la boca y pregunta por sus hábitos, como el uso del chupete o la forma de tragar. Si lo considera necesario, puede pedir radiografías para valorar el crecimiento de sus huesos y valorar la erupción.
Al terminar, te explicará qué ha observado, si hace falta intervenir y cuándo sería el momento de iniciar el tratamiento.
Los aparatos de ortopedia y ortodoncia interceptiva se eligen en función de la fase del tratamiento y del problema que haya que corregir. Pueden ser fijos (van cementados a los dientes y solo los retira el ortodoncista) o removibles (el niño puede quitárselos y ponérselos).
En la primera fase, los aparatos de ortodoncia interceptiva pueden actuar sobre el desarrollo de los maxilares, la posición de los dientes o determinados hábitos orales, según el problema que se quiera corregir. Es fundamental iniciar el tratamiento en el momento adecuado del desarrollo del niño. Estos son algunos de los aparatos que se emplean con frecuencia:
El disyuntor dental es un aparato fijo que se coloca en la parte superior de la boca y ayuda a ensanchar el maxilar superior. Está indicado en niños con un paladar estrecho, en pacientes con mordida cruzada (los dientes de la arcada superior ocluyen por dentro de los de la arcada inferior) o con falta de espacio para los dientes.
Por lo general, los expansores de paladar presentan una fase activa de entre dos y tres semanas y una fase para consolidar la disyunción de unos seis meses, en función de cada caso.
Los aparatos de avance mandibular están pensados para niños con la mandíbula retruida, una alteración conocida como retrognatia mandibular que suele dar lugar a una mordida de clase II (la mandíbula suele encontrarse más atrás con respecto al maxilar superior). Su función es estimular el crecimiento de la mandíbula hacia delante y mejorar así la relación entre los maxilares. Es fundamental la colaboración por parte del paciente para que el tratamiento sea efectivo.
La máscara facial se utiliza cuando hay una deficiencia en el crecimiento del maxilar superior, algo frecuente en la mordida de clase III, en la que los dientes de abajo quedan por delante de los de arriba. Cuando esta mordida se debe a un crecimiento mandibular excesivo, se habla de prognatismo mandibular.
La máscara facial se trata de un aparato removible y extraoral: se coloca apoyada en la frente y la barbilla, y se une mediante unos elásticos extraorales a un disyuntor cementado intraoralmente en la boca del paciente. Habitualmente, el niño la lleva unas 16 horas al día, sobre todo en casa y mientras duerme.
Este resumen te permite comparar los tres aparatos de un vistazo:
Aparato
Para qué sirve
Cómo es
Disyuntor de paladar
Ensancha el maxilar superior en casos de paladar estrecho, mordida cruzada o falta de espacio
Fijo. Se lleva, por lo general, alrededor de seis meses
Aparato de avance mandibular
Estimula el crecimiento de la mandíbula hacia delante en la mordida de clase II
Fijo o removible
Máscara facial
Estimula el crecimiento del maxilar superior
Removible y extraoral. Se lleva unas 16 horas al día
En la fase correctiva, el objetivo es alinear los dientes y corregir la maloclusión para conseguir una oclusión funcional y estable. Para ello, se utilizan aparatos que aplican fuerzas controladas sobre los dientes, como los brackets o los alineadores transparentes.
Los brackets metálicos son unos pequeños dispositivos de metal que se adhieren a los dientes y se unen entre sí mediante un arco (un alambre fino que el ortodoncista ajusta en cada revisión). Permiten corregir la mayoría de las maloclusiones (alteraciones en la posición de los dientes o en la mordida) de niños y adolescentes. Además, son resistentes y tienen un precio relativamente asequible, en comparación con otros métodos. Su principal inconveniente es que son menos estéticos y que, durante las primeras semanas, pueden resultar más molestos que los alineadores.
Los brackets estéticos permiten realizar movimientos dentales similares a los brackets metálicos, pero son de un material transparente o del color del diente, por lo que son más estéticos. Pueden ser de plástico, resina, cerámica o cristal de zafiro. Los de cerámica y zafiro mantienen su color con el paso del tiempo, mientras que los de plástico o resina pueden teñirse con algunos alimentos y bebidas. En las clínicas dentales Vitaldent trabajamos con brackets cerámicos o de zafiro.
La ortodoncia invisible se basa en alineadores transparentes: unas férulas fabricadas a medida, que se cambian cada cierto tiempo para que se produzca el movimiento dentario requerido. Como son removibles, tu hijo puede retirarlos para comer y cepillarse, así que no tiene que renunciar a ningún alimento.
Eso sí, para que funcionen deben llevarse 22 horas al día. Por tanto, solo están indicados en niños y adolescentes responsables con su uso.
Así se diferencian las tres opciones de la segunda fase:
Aparato
Cómo es
A tener en cuenta
Brackets metálicos
Fijos, de metal y unidos por un arco
Eficaces, resistentes y con un precio asequible. Son visibles y pueden rozar al principio
Brackets estéticos
Fijos, transparentes o del color del diente
Apenas se notan. Los de cerámica y zafiro no se tiñen con el tiempo
Alineadores transparentes
Removibles, férulas transparentes a medida
Deben llevarse unas 22 horas al día. Solo para niños y adolescentes responsables con su uso
Aunque los tratamientos se adaptan a cada niño, la ortodoncia infantil suele seguir estos cuatro pasos:
Antes de colocar cualquier aparato, el ortodoncista hace un estudio completo del niño. Dicho estudio debe incluir una exploración, radiografías (una panorámica, que muestra todos los dientes y los maxilares, y una lateral del cráneo, llamada telerradiografía) y fotografías extraorales e intraorales.
También se toman medidas de la boca, con moldes o con un escáner intraoral que obtiene una imagen digital en 3D. Con toda esta información, el ortodoncista establece el diagnóstico y diseña el plan de tratamiento.
En la cita de colocación, el ortodoncista coloca el aparato y comprueba su ajuste. Además, os explica a ti y a tu hijo cómo cuidarlo: si conviene evitar algún alimento, cómo cepillarse y, si el aparato es removible, cuántas horas al día hay que llevarlo.
Los primeros días es habitual que tu hijo note presión o una ligera molestia y que tarde un poco en acostumbrarse a hablar con el aparato. En la mayoría de los casos, los niños se adaptan con facilidad.
Durante el tratamiento, tu hijo debe acudir a revisiones periódicas, según el tipo de aparato. En ellas, el ortodoncista comprueba cómo avanza el tratamiento, ajusta o activa el aparato y revisa que la higiene sea correcta.
Cuando la ortodoncia ha cumplido sus objetivos, el ortodoncista retira el aparato y comienza la fase de retención. En ella, tu hijo llevará retenedores, fijos o removibles, que evitan que los dientes y los huesos vuelvan a su posición anterior. Esta fase es clave para proteger el resultado, así que resulta esencial respetar las indicaciones de uso.
Pérdida temprana de dientes de leche: por caries o traumatismos, lo que puede hacer que los dientes vecinos ocupen el espacio.
Dientes deciduos que no se exfolian a tiempo: pueden desviar o perjudicar la erupción del diente sucesor definitivo.
Dificultad para masticar o morder: sensación de que tu hijo come despacio, evita algunos alimentos o muerde de lado.
Respiración por la boca: sobre todo si duerme con la boca abierta o ronca.
Hábitos prolongados: chuparse el dedo pulgar o usar chupete más allá de los dos años.
Dientes apiñados o torcidos: el apiñamiento dental indica que falta espacio en la arcada.
Dientes de arriba muy adelantados o, al contrario, dientes de abajo por delante de los de arriba al cerrar la boca.
Sobremordida: los dientes superiores tapan más de un tercio de los inferiores al cerrar la boca.
Desgaste de los dientes: puede estar relacionado con los problemas de mordida o con el bruxismo.
● Ruidos en la mandíbula: chasquidos, dolor o desviaciones al abrir la boca.
Problemas al pronunciar: dificultad para articular determinados sonidos.
ayuda a que los maxilares y los dientes se desarrollen en una posición correcta.
puede reducir el riesgo de maloclusiones graves, desgastes dentales o molestias en la mandíbula.
corregir unos dientes superiores muy adelantados disminuye el riesgo de que se fracturen con un golpe.
favorece una masticación, una respiración y un habla correctas.
unos dientes bien alineados son fáciles de cepillar, lo que ayuda a prevenir caries y enfermedades de encías, como la gingivitis.
corregir la sonrisa y el perfil durante la infancia o la adolescencia puede ayudar a que tu hijo se sienta más seguro al relacionarse.
La ortodoncia infantil engloba la prevención, detección y tratamiento de alteraciones en la posición de los dientes, la mordida y el desarrollo de los maxilares durante la infancia y la adolescencia. Actuar mientras el niño crece permite aprovechar su desarrollo y, en algunos casos, reduce la necesidad de tratamientos más complejos en el futuro.
Por eso, el primer paso es una revisión. En tu clínica Vitaldent, el equipo de ortodoncistas valora la boca de tu hijo en una primera visita gratuita y te explica si necesita tratamiento, cuándo conviene empezar y qué aparato puede ayudarle.
Silvia Canals es coordinadora médica del área de Ortodoncia de Donte Group. Se graduó en Odontología por la Universidad CEU San Pablo, donde también cursó el Máster en Ortodoncia y Ortopedia Dentomaxilar, y completó además un Máster en Ciencias Odontológicas en la Universidad Complutense de Madrid. Destaca por su experiencia en tratamientos con alineadores transparentes y brackets; en ortopedia y ortodoncia en pacientes en crecimiento —con aparatos funcionales como Twin-Block o Herbst—; y en el manejo de casos complejos con microtornillos.
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